Unidad pastoral

Este texto es duro y serio, y está escrito desde el corazón.

Tengo amigos y conocidos sacerdotes en varias diócesis de España; lo que sigue no se circunscribe a esta en la que vivo, ni mucho menos.

Uno de los criterios para distribuir entre las diócesis la cuota del IRPF que se dedica a la Iglesia Católica es el número de parroquias que tiene. Este dato aséptico ha de leerse en su contexto. Según la Wikipedia —que cita el Anuario Pontificio de 2024— en la diócesis de Oviedo hay 932 parroquias; en la diócesis de Santander hay 614, en la de León 757, la de Astorga posee 974, que es más que su archidiócesis (Oviedo). Respectivamente, el número de sacerdotes (siempre según el mismo anuario pontificio de 2024) es de 337, 331, 259 y 167. Menciono solo estas diócesis porque son la Archidiócesis en que vivo (Oviedo) y sus sufragáneas. Hay más parroquias que sacerdotes y, si se contaran solamente los sacerdotes menores de 75 años, se concluiría que hay muchas más parroquias que sacerdotes en edad de trabajar. Y es bien conocido que el número de vocaciones sacerdotales españolas no crece.

Estos datos no son una novedad para los obispos. La situación era previsible ya hace bastantes años (al menos 30, pero con certeza 20): la edad de los vivos crece siempre (o deja de existir) mientras que las incorporaciones a los seminarios han ido decreciendo sin parar desde hace decenios. En el año 2000 el número de seminaristas en España era de 1737, mientras que en 2025 eran 1066, una bajada de más de un tercio, según dice Google a día de hoy. Y, hay que ser sinceros, de entro esos seminaristas de 2025 hay muchos que no van a ser sacerdotes diocesanos españoles —por pertenecer a otros movimientos eclesiales con derecho a incardinación, o por ser de otros países.

Como laico interesado en la Iglesia, me llama la atención que los obispos españoles —y esto no solo se reduce a la Archidiócesis de Oviedo y sus sufragáneas— pretendan hacernos creer a los fieles que ese número de parroquias tiene sentido. Recordemos que, según el Derecho Canónico:

515.1 La parroquia es una determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en la Iglesia particular, cuya cura pastoral, bajo la autoridad del Obispo diocesano, se encomienda a un párroco, como su pastor propio.

Así que, según el Derecho, cada parroquia es una comunidad de fieles con un párroco que es su pastor propio: un hombre que tiene a su cuidado una grey y de cuya Liturgia, Sacramentos, Predicación y vida de Caridad se ocupa. Teniendo en cuenta que las ciudades principales, como las capitales de provincia, tienen parroquias con más de un sacerdote —el párroco y algún coadjutor, o el párroco y algún sacerdote anciano que le ayuda—, se obtienen resultados como el de este enlace: un sacerdote que es Administrador Parroquial de 24 parroquias.

Veinticuatro parroquias. Como son rurales, es de prever que haya, al menos, 10 cementerios parroquiales (si es que no hay 24). Por supuesto, habrá fieles en cada uno de esos 24 pueblos y dudo mucho que sean jóvenes con automóvil. Imagino que una cantidad no pequeña estarán enfermos y precisarán cuidados pastorales especiales. Y, puesto que según el Derecho Canónico, una Parroquia es una comunidad de fieles, es lógico esperar —porque en eso se basa la comunión en la fe— que se celebre la Eucaristía (la Fracción del Pan) cada primer día de la semana, como dicen los Hechos de los Apóstoles que hacían los primeros cristianos.

No me salen las cuentas: 24 misas por media hora son doce horas sin parar celebrando. Eso es más bien una cadena de montaje. Además, los pueblos de España no están habitualmente a “cinco minutos en coche”. Y, ya dejándome de monsergas: pretender que una persona normal se ocupe de la cura pastoral de 24 parroquias es insultante, injusto, inmoral y despreciable. Ya lo he dicho. Y los obispos son los responsables de este insulto, de esta injusticia, de esta inmoralidad, de este acto despreciable.

Unidades pastorales

En cierto momento, hace relativamente poco para la edad de la Iglesia, los obispos españoles decidieron crear un concepto nuevo: la unidad pastoral. Ante la falta evidente de clero, y ante la pretensión —me temo que muy condicionada por la posible pérdida de ingresos monetarios— de conservar las parroquias existentes, los prelados concibieron un nuevo ente: las unidades pastorales.

Una unidad pastoral no es más que una agrupación de parroquias, posiblemente relacionadas por su proximidad geográfica. En la Diócesis de Oviedo hay 128, en Astorga 11, en Santander hay 55, y en León 88. Estos datos son de Google a día de hoy pero parecen realistas.

Este etéreo concepto es la solución mágica de los obispos para su problema de falta de sacerdotes. Ahora, a un sacerdote no se le encomienda una parroquia —que ya es trabajo suficiente en parroquias normales— sino que se le encomienda una unidad pastoral. Si es necesario porque la unidad es demasiado grande, se le puede asignar a dicho párroco un coadjutor, por ejemplo, o un auxiliar, o como se quiera llamar. Al fin y al cabo, el Código de Derecho Canónico no contempla la existencia de las unidades pastorales, así que el obispo tiene libertad de hacer lo que le venga en gana con ellas.

Hemos pasado de:

Herminio, yo como Obispo te nombro párroco de la Parroquia de San Antonio en Valdés.

a lo siguiente:

Herminio, yo como Obispo te nombro pastor unitario de la Unidad Pastoral de San Antonio en Valdés, Santa María en Tabaza, San Agustín en El Robledal, San Ramón en Castañar, Santa Doradía en Legumes, San Celestino en Guardazo, y Santa Tecla y San Eleuterio en Romerales.

Herminio, ordenado sacerdote pongamos hace 20 años, ha pasado de ser párroco de una parroquia a ser pastor de una unidad pastoral. Para el obispo es lo mismo: un siervo, un encargo. Un nombramiento pastoral, un sueldo. Un esclavo, un mandato.

Eso es una unidad pastoral. Una mentira. Creada por los obispos. Creada con el objeto de no eliminar parroquias. Objeto teñido de dinero: menos parroquias, menos dinero. Mismas parroquias, mismo dinero. Y los sacerdotes están para obedecerme, que no se les olvide.

Una mentira y no exactamente piadosa. Una mentira que genera:

  • Frustración en el clero, especialmente el rural, porque el trabajo que antes podían hacer —llevar una parroquia— ahora no lo pueden hacer, pues se ha multiplicado por cinco ó cincuenta.
  • Decaimiento en el clero, especialmente el rural, porque su trabajo se multiplica sin percibir que su valoración por parte del obispo crezca. Por cierto… ¿cuántos obispos de España, en los últimos veinte años, han hecho la visita pastoral obligatoria al menos cada cinco años? (Canon 396 del Código).
  • Abuso laboral, pues falta la justa compensación del clero: el párroco de una unidad pastoral de 20 parroquias no cobra 20 veces el salario de un párroco —ya le gustaría. El párroco de 20 parroquias no es más que el pastor de una unidad pastoral, piensa el obispo, así que le corresponde un salario de sacerdote. No voy a entrar —aunque un amigo mío sacerdote me lo ha sugerido— pero el salario de un sacerdote no llega ni con mucho al salario mínimo interprofesional, supongo que porque en el Concordato con la Santa Sede el sacerdote no aparece como un “empleado” laboral en sentido técnico.
  • Agotamiento en el clero, sobre todo el rural. La atención a varias parroquias como tales requiere al menos la celebración semanal de la Eucaristía. “Decir misa” no es una actividad sencilla ni superficial. Como muchos santos han relatado, la celebración eucarística es una de las actividades más agotadoras. Y en una unidad pastoral esto se multiplica —por cuatro, por cinco, por diez… Una misa no es un zapato. Preparar la homilía y adecuarla a cada comunidad es trabajoso. Cuidar del Santísimo Sacramento requiere atención, orden, delicadeza, amor… Tener que hacerlo en diez iglesias, siete capillas, dos conventos y un santuario elimina la posibilidad de ser delicado. La humedad corrompe las Sagradas Formas en muy poco tiempo.
  • Abuso económico por parte del obispo: la diócesis no cubre los gastos de desplazamiento del sacerdote. Será el propio cura quien tenga que buscar de dónde sale el dinero. Cualquier empresa, por el contrario, está obligada a compensar económicamente los viaje necesarios por trabajo. ¿Es esto también parte del Concordato?
  • Finalmente, no nos olvidemos de los fieles. A ellos el obispo no les ha comunicado que su párroco va a multiplicarse y por tanto va a atenderles menos, con menos tiempo y con menos posibilidad de entrar en detalles… Y por ello, los fieles se irritan. Pero se irritan con el cura, no con el responsable de todos estos atropellos: el obispo.

Está claro que, como concepto, la unidad pastoral es la solución perfecta para que el obispo gaste el mismo dinero con menos sacerdotes —¿dónde se va todo el dinero ahorrado en personal, por cierto?— y sin quedar mal (el obispo) con los fieles. Esto es, en román paladino, una traición a su Clero y a su Pueblo. Una desvergüenza.

Salir de la mentira hacia la luz

Ningún obispo en España se ha atrevido a hacer su obligación: eliminar parroquias y, delante de ellos, explicar a los feligreses de las parroquias afectadas los motivos y las soluciones.

Solo la verdad nos lleva a la luz. La unidad pastoral es una mentira. Una mentira abusiva y desquiciante. Es un medio hipócrita para que la diócesis continúe recibiendo el mismo dinero del Estado y gastarlo en menos sacerdotes y sin incrementar los salarios. Me pregunto: ¿en qué se va todo ese dinero que reciben las diócesis con cada vez menos clero? ¿Dónde están las auditorías?

La única solución es aceptar la verdad: no hay sacerdotes para tantas parroquias, ni los va a haber en un futuro a largo plazo. Por tanto, hay una necesidad imperiosa de reducir el número de parroquias. Solo esto hará que los sacerdotes puedan realizar su trabajo con la satisfacción de quien hace todo lo que puede y se siente dueño del fruto de su labor y vive su vocación sin ansiedad ni presión. Ahora mismo el clero español, y especialmente el rural, no llega a hacer ni a la mitad de lo que querría, se siente desamparado por el obispo y percibe que no atiende a sus feligreses como estos se merecerían. Y, como el sacerdote ordinario es buena persona, se culpa de ello. Y termina deprimido, asqueado, dudoso de su vocación, o simplemente abandonando el sacerdocio porque nadie, y mucho menos su obispo, le ayuda.

Todo un éxito, señores obispos. Vengan sudamericanos a arreglarnos el problema, que por lo menos allí sí hay —por ahora— vocaciones sacerdotales. Y culpemos a los curas de no ser ni fieles ni generosos ni estar lo suficientemente formados.

Señores obispos: tienen la obligación urgente de ponerse enfrente de sus fieles, su grey, su pueblo, con el que se les llena tanto la boca y clausurar parroquias. Tienen también la obligación de enseñar a su pueblo que la atención pastoral ordinaria la debe buscar el propio pueblo, no es el cura quien debe desplazarse. La asistencia a la Fracción del Pan no es algo que “se me debe facilitar”… Es lo que me define como cristiano y no puedo vivir sin ella. No existe el derecho a tener misa en la iglesia de mi pueblo: existe la posibilidad de acercarse a la Fracción del Pan allá donde pueda celebrarse. Y el obispo es quien debe determinarlo de modo realista. En España se ha de acabar el principio “una iglesia, una misa” y ha de comenzar el principio, “un cura, un lugar de celebración”. Cualquier otro planteamiento es una mentira hipócrita. Y para la atención a las viudas y los enfermos, para eso es para lo que el Espíritu Santo creó la figura del diácono. Salvando el sacramento de la Reconciliación, claro.

Señores obispos, pónganse delante de los fieles y explíquenles eso: “la iglesia de tu pueblo ya no es el lugar adecuado para la reunión comunitaria de la Fracción del Pan, porque no hay quien la pueda presidir”. Y decida un lugar propio y adecuado, en el que todos puedan ser bien acogidos, atendidos, predicados y guiados mediante los demás sacramentos. Y si hay que gastar el dinero en autobuses o taxis, para eso están las colectas; así viviremos lo de los Hechos: “quienes tenían propiedades las vendían y ponían el dinero en común”, y quienes no tengan coche ni dinero, podrán acudir a la Eucaristía en un medio público sin coste para ellos. Por ejemplo.

Un obispo que realmente se preocupe por su clero y por sus fieles hará esto. Por lo que veo, en España no hay este tipo de obispo. Lo que veo es que los obispos están en Roma cada dos por tres, o en reuniones de la Conferencia Episcopal o en peregrinaciones a lugares santos, mientras los clérigos, los verdaderos Siervos del Cordero, están en cinco o seis sitios a la vez, cada fin de semana, todas las semanas del año, con grave riesgo de su vida en muchos casos.

Como Diógenes, busco un hombre.

Dejo para otro día las sugerencias para celebraciones comunitarias de las personas que no puedan acercarse a la Fracción del Pan del primer día de la semana. Pero doy una pista: el Breviario.

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