Tom Bombadil
Una de las primeras aventuras que los Hobbits protagonistas de El Señor de los Anillos pasan, tras atravesar el Bosque Negro, es su encuentro con Tom Bombadil. Esta sección fue omitida en las películas, posiblemente por la dificultad de presentar a un personaje secundario tan especial y singular sin caer en lo ridículo.
El otro día, hablando con un amigo, le aconsejé que leyera esos (¿ese? ya no me acuerdo, creo que son varios) capítulos porque le veía bastante preocupado con algunos asuntos que, en mi opinión, tenían una importancia menor de la que él les atribuía. Voy a intentar explicarlo aquí.
La risa
Lo que más llama la atención sobre estos pasajes, quizás, la primera vez que se lee El Señor de los Anillos es la aparición de Tom. Sin venir a cuento, y después de al menos un encuentro con uno de los Espectros del Anillo —los personajes que dan más miedo, después del propio Sauron y del Balrog—, se topan con un individuo vestido de fiesta, con un sombrero ridículo y cantando y saltando por las colinas. Tom Bombadil, en una primera lectura, está fuera de contexto y de situación, y ni siquiera parece preocuparse por los problemas de la Tierra Media, que está a punto de ser invadida por orcos y puesta al servicio del gran Enemigo. Destruida.
Los hobbits, cansados y sin una idea clara de lo que tienen que hacer, pues se han perdido, se encuentran en una zona más o menos tranquila y ven aparecer saltando y bailando a este tío raro. Pero se caen mutuamente simpáticos y les invita a pasar la noche en su casa y a dejarse cuidar por Baya de Oro, su compañera, una hermosa dama que es dorada como el sol en verano y brillante como la nieve en invierno.
Durante la cena, pese a las reticencias de Frodo, terminan contándole toda su misión, pues se gana su confianza y los hobbits se dejan querer fácilmente. El momento más emocionante ocurre cuando Frodo le enseña el Anillo del Poder (que debe ser destruido en el Monte del Destino, esa es la Misión) a Tom y este le pide que se lo deje coger.
Antes de partir de Hobbiton, Gandalf le tuvo que parar los pies a Frodo cuando este le dijo —en esencia— “tómalo tú, encárgate tú de destruirlo porque tú eres mucho más fuerte que yo”. El mago se puso tremendamente serio y vino a decirle al protagonista de la obra: “acabas de tentarme del modo más fuerte que se puede. No me enfado contigo porque sé que no entiendes lo que has hecho, pero este Anillo es también más poderoso que yo, y me destruiría a mí también. No debo ni tocarlo”.
Pues bien: Frodo no solo le enseña en Anillo a Tom, sino que se lo entrega y este, en lugar de sentirse tentado o atraído hacia el poder que emana de él, se pone a jugar y a lanzarlo al aire y, en cierto modo, a reírse de que una cosa tan pequeña sea motivo de tal preocupación para los hobbits y para el resto de la Tierra Media. Se ríe del Anillo del Poder y les explica a sus invitados que no tiene poder alguno sobre su persona. Es más, que ni siquiera le produce interés alguno. Para Tom, lo único interesante, y a lo que dedica todo su esfuerzo, es Baya de Oro, la felicidad de Baya de Oro, cuidar de ella.
Al día siguiente, los hobbits se meten donde no les llaman y terminan apresados en unos Túmulos de la antigüedad, en los que habitan los llamados “tumularios”, que al percibir intrusos, van a intentar acabar con ellos (convertirlos en más muertos pobladores de dichos túmulos). Es ahí donde Pippin encuentra la espada que le permitirá —mucho más tarde— herir la pierna del Nazgûl sobre el que cabalgará el Espectro que morirá a manos de Eowyn. Los gritos de los hobbits llaman la atención de Tom, quien ha salido pronto de casa para ir a recoger flores para Baya de Oro, y hacen que se acerque y ordene, sin pérdida alguna de su buen humor ni de su tranquilidad, a los tumularios que dejen en paz a los hobbits, y permite que estos salgan de los Túmulos. Ahora que me acuerdo, Tom es quien ordena al Viejo Sauce que libere a Merry ó a Pippin, que había sido capturado por el árbol e iba a ser absorbido por él. Lo hace con órdenes serias pero sin castigo, pues está en la naturaleza del Sauce hacer eso.
Tom Bombadil es una persona que acepta la realidad tal como es y encuentra en toda ella motivos para alegrarse, reírse, pasar un buen rato. No trivializa (la primera idea que el lector se hace de él es, habitualmente, la de un irresponsable, un insensato), sino que asume lo que se encuentra y en ello ve motivos para seguir viviendo y disfrutando.
Ni siquiera el futuro de la Tierra Media le preocupa. Será lo que ocurra. Pero Tom Bombadil seguirá sirviendo a Baya de Oro y riéndose de todo porque todo le produce alegría. Aunque Gandalf llega a decir que si el Anillo cae en manos de Sauron, entonces incluso Tom Bombadil “caerá”. Pero puesto que la derrota no ocurre, no tenemos idea de cómo “caería” Tom.
¿Es un inconsciente?
La sugerencia que le hice a mi amigo tenía el objetivo de que viera a Tom Bombadil como una imagen del verdadero creyente, más bien el “creyente límite”. Quizás consiga aclararme yo mismo si lo escribo.
Para el cristiano, la realidad, la que sea, es el lugar del encuentro con Cristo. Por eso, la realidad: la que sea, es un lugar en el que se puede ser feliz y —hasta donde un hombre mortal es capaz— reír. Reír no porque la realidad sea dura (de hecho, el problema de mi amigo es serio), sino porque es asumida por el Amor de Dios —no el nuestro hacia Él, sino el suyo hacia nosotros.
Todo —incluso el sufrimiento humano más terrible— es ocasión de ver a Cristo y, por eso, de “alegrarse”, de “reírse”. No de dicho sufrimiento —menos si es de otras personas— sino porque, sin nosotros ser conscientes ni saberlo ni darnos cuenta, Dios está ahí actuando. Incluso cuando alguien está rodeado de muerte y dolor y hambre y enfermedad, Dios está actuando ahí y en esa o esas personas y eso —sin saber cómo— puede llevarnos a encontrarnos con Él.
¿Pero y la guerra de Irán (por cierto, ya no se habla de Ucrania)? ¿Y los bombardeos de Israel en el Líbano? ¿Y el hambre en el mundo? ¿Y tantas y tantas personas que sufren abusos y enfermedades? ¿Y la enfermedad mental? ¿Y el precio de la cesta de la compra?
No: no estoy diciendo que todo eso no sea sufrimiento real ni que vaya a dejar de serlo (he escrito varias veces sobre la depresión y sé lo que es sufrir y no entender la palabra “alegría”). Pero también nos dice la Escritura que Dios “juega con los hijos de los hombres”. Quizás eso es lo que Tokien quería ejemplificar con Tom Bombadil: Dios ve nuestro sufrimiento de una manera muy distinta a como lo vemos nosotros. Y Él es el primero que está actuando ahí —sin saber nosotros cómo. Lo que nos ayudaría sería verlo todo con sus ojos, no con los nuestros.
Tom es la sublimación del cristiano, el ejemplo límite del hombre de fe. Y más aun, su “focalización exclusiva” en Baya de Oro es un modo prístino de mostrarnos que el prójimo es el próximo. Que “preocuparnos” por los de lejos nos quita fuerzas para “ocuparnos” de los cercanos.
En fin, creo que de algún modo, Tom es el ejemplo a seguir: alguien que conoce el valor de todo y el precio de nada.