Un cuento de Shalamov en “Historias de Kolyma”
Esto no se hace, ya lo sabemos. Solo se traduce del original, las segundas traducciones son lo peor. Está prohibido y no debe hacerse. Bajo ningún concepto. Bueno, claro está, la Biblia tiene pocos “originales”.
Varlam Shalamov vivió en la Unión Soviética. Es posible que coincidiera con O. Mandelstam de camino al Gulag (Mandelstam murió en un punto intermedio). Pasó una larga temporada preso en el campo de exterminio —exterminio por “trabajo”— de Kolyma, donde miles de ciudadanos rusos ordinarios murieron exhaustos en medio del frío. No se salía a trabajar si la temperatura era menor de menos sesenta grados centígrados; en concreto, si la saliva de un escupitajo se congelaba en el aire.
Tras salir del Gulag, me parece que por la amnistía (qué poco me gusta esta palabra en este contexto) de Kruchev, escribió una colección de cuentos, breves historias, sobre su experiencia. Voy a traducir algunos a partir de la versión inglesa de John Glad editada por Penguin.
A través de la nieve
¿Cómo se apisona una carretera por la nieve virgen? Una persona camina delante, sudando, jurando y moviendo apenas sus pies. Se para atrapado una y otra vez en la suelta, profunda nieve. Va muy adelantado, marcando su camino con hoyos negros desiguales. Cuando se cansa, se echa sobre la nieve, enciende un cigarro casero, y el humo del tabaco cuelga suspendido sobre la blanca, brillante nieve, como una nube azul. El hombre sigue su camino pero la nube permanece cerniéndose sobre el punto en el que él descansaba, pues el aire está inmóvil. Las carreteras se apisonan siempre en días como este —de modo que el viento no deshaga esta tarea del hombre. El propio hombre selecciona puntos en el infinito de la nieve para orientarse —un peñasco, un árbol alto. Dirige su cuerpo a través de la nieve del mismo modo que un timonel dirige una barcaza de cabo en cabo.
Cinco o seis personas van detrás hombro con hombro por el estrecho, vacilante sendero del primer hombre. Caminan al lado de su ruta pero sin pisarla. Cuando llegan a un punto predeterminado, dan la vuelta y pisan fuertemente la limpia nieve virgen que no ha sentido aun el pie del hombre. La carretera se aplana a pisadas. Puede así ser usada por gente, trineos, tractores. Si caminaran directamente detrás del primer hombre, el segundo grupo crearía un estrecho camino claramente definido pero apenas transitable, y no una carretera. El primer hombre tiene la tarea más dura, y cuando está exhausto, otro hombre del grupo de cinco ocupa su puesto. Cada uno de ellos —incluso los más pequeños y débiles— deben apisonar una sección de nieve virgen, y no simplemente seguir los pasos de otro. Más tarde vendrán los tractores y los caballos conducidos por lectores, en lugar de autores y poetas.