Últimas cartas seleccionadas del Volumen 1 de GMH
Traduzco “rápidamente” los tres últimos fragmentos que he seleccionado del primer volumen de la correspondencia de G.M. Hopkins, con la idea de comenzar, en unas semanas, la traducción de lo elegido del segundo.
Del 1 al 16 de diciembre de 1881, a R.W. Dixon (fragmento)
Manresa House, Roehampton, SW. (hace hoy justo 300 años del martirio del P. Campion).
Cuando un hombre se ha entregado al servicio de Dios, cuando se ha negado a sí mismo y seguido a Cristo, se ha preparado para recibir, y de hecho recibe, de Dios una guía especial, una providencia más particular. Esta guía viene dada en parte mediante la acción de otros hombres, como sus superiores, y en parte mediante luces e inspiraciones directas. Si espero tal guía, llegada por el canal que sea, acerca de cualquier asunto —mi poesía, por ejemplo— actúo en todo más sabiamente que si tratara de servir mis propios supuestos intereses en dicho asunto. Ahora bien: si usted valora lo que escribo, si yo mismo lo hago, mucho más lo hace nuestro Señor. Y si Él elige servirse de lo que dejo a su disposición, Él puede hacerlo con una felicidad y con un éxito que yo nunca podría igualar. Y si no lo hace, entonces se siguen dos cosas; una, que el premio que de todos modos recibiré de Él será aun más grande; la otra, que en ese caso sabré qué cosa tan contraria a su voluntad e incluso a mis propios intereses habría yo hecho si hubiera tomado las cosas en mis propias manos y forzado la publicación. Este es mi principio y esta, mayormente, ha sido mi práctica: llevar el tipo de vida que tengo aquí parece fácil, pero cuando uno se mezcla con el mundo y encuentra por todas partes sus secretas solicitaciones, vivir según la fe es más difícil, muy difícil; aun así, con la ayuda de Dios siempre lo haré.
[… cuenta numerosos ejemplos de vida escondida de santos jesuitas …]
El beato John Berchmans [n.t. también Jesuita] fue beatificado por su estrictísima observancia de la Regla; dijo de sí mismo, y este texto es famoso entre nosotros, que la Vida en Común es la mayor de las mortificaciones; Gregorio XVI (creo) cuando se dieron los primeros pasos para dicha beatificación, dijo también de él: a este ritmo [n.t. el beato era prácticamente un don nadie en la Compañía] tendréis que canonizar a todo el Colegio Romano [n.t. el principal instituto de formación de los Jesuitas en Roma por entonces]. Cito estos casos para probar que el espectáculo y la brillantez no nos quedan bien, que cultivamos lo ordinario en lo externo y deseamos que la belleza de la hija del rey, el alma, provenga del interior.
[…]
Mi experiencia de Liverpool y Glasgow fijó en mi mente una convicción, una convicción realmente devastadora, sobre la miseria para el pobre de la vida en la ciudad, y más que para el pobre, la miseria de la vida en general, de la degradación incluso de nuestra raza [n.t. el Imperio Británico estaba en su apogeo], de la vaciedad de la civilización de este siglo: la vida hasta se convirtió para mí en una carga, al sentir como arrojadas sobre mí las cosas que veía.