Más cartas de Gerard Manley Hopkins

Estoy en el semestre de más clases y como me va a ser difícil dedicar el tiempo suficiente a pensar (aparte de los temas académicos), me parece más razonable que esta temporada dedique varias de mis reflexiones a traducir extractos de cartas de mi venerado Gerard Manley Hopkins. Iré por orden cronológico, salvo que algún texto me llame más la atención.

De una a E. H. Coleridge

Contemporáneo suyo, le escribe sobre la conversión y el catolicismo. Todos los énfasis son originales.

[…] Ten cuidado y no caigas en lo que yo pensé por un tiempo que podía hacer, adoptar un cristianismo ilustrado, puedo decir, por horrible que sea, ser una fuente de reputación para la religión. Este estado mental fatal lleva a la infidelidad, si se desarrolla consistente y lógicamente. La gran ayuda para creer y el gran objeto de creencia es la doctrina de la Presencia Real en el Santísimo Sacramento del Altar. La religión sin esa realidad es sombría, peligrosa, ilógica, con ella es —sin hablar de su enorme consistencia y certidumbre— amable. Créela y habrás ganado toda la verdad Católica.

(1 de junio de 1864)

Su primera carta a J.H. Newman

Reverendo Señor:

Me dirijo a usted con gran vacilación pues sé que está sumergido en sus propias obligaciones y porque debe de estar muy expuesto a peticiones de todas partes. Estoy ansioso por hacerme católico, y pensé podría quizás usted ser capaz de verme un breve momento cuando yo pase por Birmingham dentro de unos pocos días, creo que el viernes. Pero siento muy fuertemente la injusticia de entrometerme en sus obligaciones o en su conveniencia y por ello, si es el caso, tomaré como un favor el que me hiciera saber que le es imposible verme. No quiero ayuda para llegar a ninguna conclusión de fe, pues me siento agradecido por decir que mi decisión está tomada, pero la necesidad de hacerme católico (aunque hace tiempo había previsto cuál era la única postura consistente) que me ha sobrevenido repentinamente me ha puesto en una penosa confusión mental sobre mi deber inmediato en mis circunstancias. También deseaba saber en qué consistiría mi deber moral en ciertos puntos formalmente abiertos, porque el mismo razonamiento que hace el terreno Tractariano contradictorio le llevaría a uno a alejarse de lo que Mr. Oakley llama un Catolicismo Minimalista. Digo todo esto para librarle a usted de cualquier vacilación sobre no permitirme ir a Birmingham si sus deberes se lo impiden: entenderá que por la misericordia de Dios tengo completamente clara la única autoridad de la Iglesia de Roma. Aunque con muchas dudas acerca de mi derecho a molestarle con esta petición, no negaré al mismo tiempo que para mí sería el mayor privilegio verle. Si fuera así, espero no ocuparle por mucho tiempo. Puede servir quizás como un modo de presentación de mí mismo recordarle a un amigo mío íntimo del College, William Addis, que tuvo el placer de estar una vez con en el Oratorio; creo que le ha escrito alguna vez desde entonces: estoy casi seguro de que en no mucho tiempo se hará Católico. Si yo tuviera la alegría de oír antes del viernes que puede usted sacar un tiempo para verme, espero estar en Birmingham dicho día y dormir ahí, o si tuviera usted cualquier momento adecuado en las dos o tres semanas siguientes, me gustaría ir desde Rochdale, donde estaré hospedado en la casa del Dr. Molesworth. Pero para terminar me gustaría decir otra vez que le pido que no tenga duda vacilación, como no dudo que ocurrirá, en declinar verme si así lo cree mejor.

Créame, reverendo señor, su siervo obediente, G. M. Hopkins.

(28 de agosto de 1866)

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