Referéndum

En España —sobre todo en una región— se habla mucho últimamente de tener un referéndum para que la gente —sobre todo, según dicen, la de dicha región— pueda decidir sobre su situación política y constitucional con respecto al resto del mundo.

Ese referéndum no es el objeto de este breve texto.

La votación que me interesa es la que no va a tener lugar. La que nos han negado a todos los españoles, a todos los catalanes, a todos los vascos, a todos los ciudadanos de este estado-plurinacional-multirracial. El comicio que debería haber tenido lugar y no va a ocurrir porque nadie nos ha dado la oportunidad. La elección definitiva en este momento cumbre de nuestra historia. La ocasión inigualable de expresar nuestra voluntad política para que en el futuro quede clara nuestra decisión y quienes nos sucedan en este territorio puedan saber quiénes y cómo éramos.

El referéndum que nos han quitado de las manos tiene una sola pregunta:

¿Acepta usted que España acoja refugiados de guerra hasta un 10% de la población nacional?

Esta sencilla pregunta se nos ha quitado de las manos.

Lo han hecho en silencio, ocultos en un edificio de Bruselas (quizás Luxemburgo, la Haya o Estrasburgo). Lo han hecho sin ningún “diálogo social.” Lo han hecho a nuestras espaldas y escudándose en la “Unión” de los países europeos. Lo han hecho a costa de nuestra incapacidad de hablar.

Y, lo peor de todo, es que lo han hecho diciendo que son nuestros representantes.

Así apareceremos en el futuro: los países que han tenido estabilidad social durante el periodo más largo de la historia, que tienen una riqueza y una capacidad de generarla sin parangón en todo el desarrollo humano, que además —sobre todo en el caso de España— tienen un clima y un entorno social especialmente acogedores y amables, que además tienen cubiertas “necesidades” sanitarias de manera gratuita como escáneres, tomografías, analísis clínicos complejísimos —y carísimos—… Estos países, a los que, honradamente, sobra el dinero, se han negado categóricamente a aceptar refugiados “ilegales” y se han comprometido a mandarlos a Turquía.

Que Dios perdone a nuestros “representantes.”

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